domingo, 3 de noviembre de 2019

La narritva del éxito

(De la lectura de Hunger de Roxane Gay)

De las personas gordas se espera que transitemos hacia el éxito.
O bien adelgazamos y, así nos convertimos en ciudadanes felices, completes, que por fin pueden aspirar a una vida sana y completa (léase con ironía), o bien conseguimos querernos, empoderarnos y ser fuente de inspiración. Esta segunda idea del éxito me interesa especialmente, porque me ha causado muchos dolores de cabeza como activista.

¿Y si nuestras historias no son de éxito? ¿Qué pasa si hay días en los que odiamos nuestros cuerpos? ¿Qué pasa si queremos adelgazar? ¿Qué pasa si en el fondo deseamos ser delgades? Porque, como dice Roxane Gay, ser delgade es moneda social. A veces reconozco que pienso que mi vida sería mucho más fácil si fuera delgade. Tengo mis días en los que esos pensamientos están de forma obsesiva. Y creo que es comprensible, al fin y al cabo es lo que se nos inculca desde que venimos al mundo.
¿Qué pasa si a pesar de todo eso luchamos contra la gordofobia? ¿Somos males activistas? ¿Somos hipócritas? Yo creo que no, de hecho creo que la gordofobia, como cualquier otro eje de opresión, está demasiado enraízada como para pretender que de un día para el otro ya estemos libres de ella, incluso las que llevamos años intentando deconstruirnos.
No tenemos porqué ser fuente de inspiración. No tenemos la obligación de ser un ejemplo a seguir. Nuestra lucha no es para que la persona de cuerpo normativo de turno diga: "Oh, mira como se quiere esa gorda! Si ella se quiere yo también puedo!" No, disculpa, no estoy aquí para empoderar a personas normativas. Estoy aquí para combatir la discriminación que recibimos les gordes, me quiera mucho ese día y me sienta como une diose gloriose o me sienta como una mierda y no soporte mi cuerpo.
Podemos vivir nuestras historias desde la contradicción, sabiendo que es muy difícil querernos en una sociedad que nos incita a creer que no podemos amar nuestros cuerpos disidentes. Además se suma que  es verdad que a algunes nuestro cuerpo nos crea dificultades, que a veces soñamos con escapar de él y que no siempre es una historia ideal de "Puedo hacer todo lo que podría hacer si fuera delgade." Necesito poder decir esto sin que se lea como una concesión a la gordofobia. Reconocer que no siempre es fácil vivir siendo gorde y que no siempre me acepto no invalida mi activismo. No quiere decir que merezcamos la discriminación, la exclusión, el maltrato al que se nos somete por el mero hecho de romper con la obligación tácita de ser delgades. No hay ninguna necesidad de haber superado toda la gordofobia interiorizada para que se nos respete. Porque, seamos sinceres, es una tarea muy difícil. 
Por eso Hunger mes está impactando tanto, porque Roxane Gay habla de las sombras de la gordura, comparte su experiencia cruda y real. Y cuántas veces podría firmar sus palabras, aunque como ella me gustaría que fuera diferente. Me gustaría decir que siempre me amo y voy por la vida con la cabeza alta, ocupando el espacio que se me ha negado, pero no siempre es así, muchos días no es así y no pasa nada, estoy en ello, lo estoy cambiando. 
No siempre me quiero, no siempre amo mi cuerpo, no siempre me siento empoderade en mi gordura, pero siempre soy antigordofóbique.