miércoles, 2 de mayo de 2018

Por qué odio el verano

Llega el calor, qué bien, todo el mundo contento y feliz y mira qué alegría el sol y la playa.
Y la gente no me entiende cuando digo que yo detesto el verano.
Muches gordes odiamos el verano.
Porque para nosotres el verano conlleva un aumento de la gordofobia que recibimos.

Para empezar, está el tema de la ropa. Muchos años he sufrido en silencio yendo super tapade en pleno agosto, porque sé que está en las reglas no escritas (y a veces incluso escritas) para gordes, que debemos mostrar lo mínimo que podamos nuestro cuerpo. ¿Por qué? Porque nuestro cuerpo es repulsivo y hiere la sensibilidad de la gente que nos pueda ver por la calle.
Si decidimos mandar a la mierda esta norma y llevar ropa más ligera o mostrar más nuestro cuerpo para que poder respirar (presuponiendo que encontremos tal tipo de ropa de nuestra talla) nos exponemos a miradas de asco y acoso callejero.
Tengo mil historias al respecto, pero sin ir más lejos, paseando por un parque en Bucaresten pantalones cortos, poco faltó para que me diera una crisis de ansiedad ante los cuchicheos y miradas. Me avergoncé. Me maldije por haber salido a la calle con pantalón corto,  en realidad, por haber salido a la calle de cualquier forma con un cuerpo con el mío. Por suerte no entendía nada de lo que al gente decía, pero vaya, no hacía falta.

Otro temón: la playa. No soy le primere, ni le últime, que ha pasado mucho tiempo sin ir a la playa por miedo a la gordofobia que pueda recibir o por gordofobia interiorizada.
Ir a la playa supone, de nuevo, exponerse a comentarios, miradas desaprobatorias y a nuestros propios monstruos. Esa vocecita que nos repite incesantemente que no deberíamos exponer nuestro cuerpo en público. Ya nos hemos tragado todo el discurso del cuerpo de playa y operación bikini y claro, llega el día de ir a bañarse y no te atreves a quitarte la camiseta. Porque a lo mejor tienes un grupo de tíos al lado que ya te están mirando mal, o cualquier otra persona cuchicheando o incluso niñes señalándote y riéndose de ti.
Entonces, ¿qué pasa si no vamos a la playa? Si no te gusta la playa/piscina o tienes otros motivos para no ir, pues nada, a otra cosa mariposa. Pero en muchas ocasiones, en zonas calurosas, es el único alivio posible. Además, el sentir que no PUEDES ir a la playa, que lo tienes prohibido por la forma de tu cuerpo, limita tus interacciones sociales durante meses. Mucho tiempo he sentido que realmente es un espacio vetado para mí, porque, vamos a ser sinceres, sé que mi cuerpo da repelús a mucha gente y enfrentarse a eso es muy duro. (Mi relato sobre mi experiencia en la playa el año pasado aquí)

A todo esto, se le suma una cosa que es que, al menos a mí, me da pánico. SUDAR. Porque sí, el sudor es algo que le ocurre al cuerpo humano y todo bien. Pero la presión que recibe una persona gorda que suda no es la misma que para personas delgadas.
Si yo sudo se me ve como un ser sucio y repugnante.
Si una persona gorda suda, se la observa con desagrado y repulsión.  El sudor hace ese cuerpo, ya desagradable de por sí, más horrible todavía. No hay que olvidar que a la gente gorda se nos asocia a ser descuidades e incluso a la falta de higiene. También se ve nuestro cuerpo como enfermo y monstruoso, por lo que nuestro sudor tambíen lo será. Antes de decirme que esto no es así o que os da asco el sudor de todo el mundo o cosas por el estilo,  parad a pensar cuántas bromas, memes o comentarios sobre gordes sudoroses y con granos habéis oído y visto. Pensad en cómo se percibe ese mismo sudor en un cuerpo normativo. Os garantizo que no es igual.

Ante todo esto, yo intento deconstruír la gordofobia interiorizada y a empoderarme para que las miradas y comentarios duelan menos. Lo cierto es que no es fácil. Pero vaya, ahí estamos.
Solo pido  atención a estas cosas, porque quizás para vosotres el veranito es lo más y os encanta, no digo que no lo disfrutéis, pero tened en cuenta para otres puede ser una pesadilla.