miércoles, 14 de febrero de 2018

Gordofobia y capitalismo




El canon de belleza ahoga a todes, no importa como seamos, no importa lo mucho que nos acerquemos al ideal de belleza, nunca es suficiente. Y es que el ideal de belleza es falso e inalcanzable por definición propia. Algunas acepciones de ideal según la RAE, que tampoco es santo de mi devoción pero para esto me sirve, son:

2. adj. Que no existe sino en el pensamiento.
4. adj. Excelente, perfecto en su línea.
5. m. Modelo perfecto que sirve de norma en cualquier dominio.


El ideal de belleza, por lo tanto, es un concepto abstracto en el imaginario colectivo que intenta ser modelo de perfección al que debería adaptarse el cuerpo humano para ser bello.
Desde la antigua Grecia la belleza se asocia a la bondad. Hoy también se asocia a la felicidad y al éxito en su acepción más capitalista. Analizando con un poco de perspectiva el canon de belleza es fácilmente apreciable como se transforma dependiendo del lugar y el momento histórico. No es estático e inamovible. Y es que al final es el reflejo de su sociedad y ésta tampoco es un ente único y sólido.
Por ello, no es de extrañar que en este mundo tan capitalista en el que que crea deseos y necesidades que realmente no tenemos con el propósito de mantenernos ocupades, nos haya vendido que queremos y debemos ser delgades. Así, trabajamos constantemente en empleos que odiamos para gastar nuestro sueldo en acercarnos a ese espejismo llamado Estado de bienestar. Ese estado de bienestar incluye una belleza muy definida, un tipo de cuerpo muy concreto. Perseguir la meta de esta belleza obsesivamente crea ganancias para el sistema, porque nos gastaremos mucho dinero en adelgazar y en ser bonites. Al mismo tiempo se promocionan productos calóricos especialmente gustosos y poco sanos, porque la meta no es que alcancemos la delgadez por salud, sino que el objetivo es que lo intentemos durante toda la vida y nos sintamos fallar constantemente. Al fin y al cabo, el éxito como tal es falso o, como mínimo, está reservado a una parte muy reducida de la población, especialmente a los hombres.

La gordura no solo se asocia a la fealdad, sino a la vagancia, a la improductividad, a la infelicidad, al rechazo, a la soledad y al fracaso. Todos estos valores que el capitalismo se ha ocupado de hacernos temer.
Se percibe a las personas gordas como gente que no se esfuerza por perseguir el ideal de belleza. Esfuerzo significa ganancia y éxito para la mentalidad capitalista. Si no te esfuerzas no ganas. Por lo tanto, si no nos esforzamos por ser belles (y esto se acentúa en mujeres y personas alineadas con la feminidad) no merecemos ser querides o deseades. Si quisiéramos ser querides y deseables al ojo del patriarcado, trabajaríamos duro para ser delgades y, entonces sí, seríamos merecedores de amor, atención y felicidad.
Es más, lo que merecemos es desprecio. Porque estamos desafiando las normas sociales con nuestra existencia, estamos desafiando el mandado de perseguir la delgadez y mantenerla con esfuerzo y sacrificio. Eso merece el castigo social porque la improductividad y la falta de esfuerzo en general no benefician el capitalismo, que se basa en la idea de que trabajando mucho y productivamente ganas proporcionalmente mucho dinero y con él la felicidad absoluta. Evidentemente esto es una gran patraña, y sino que se lo cuenten a mis padrastro que ha trabajando toda su vida para ahora tener una pensión de mierda y la columna vertebral destrozada por culpa de la empresa.

Volviendo al tema de la gordofobia: lo que se valora es el sufrir y castigar tu cuerpo para recibir el premio de la delgadez y, si no, se es un fracaso.
Cuántas veces hemos oído frases como “No pain, no gain”? Se premia el sacrificio para encajar en un ideal que no existe y no es alcanzable, y mucho menos si no tienes dinero para comprar esa belleza y eterna juventud. Esta idea fomenta la culpa hacia les que no entramos en el canon. Hay que tener en cuenta que estos conceptos estan muy arraigados en el pensamiento cristiano y los ha rescatado el capitalismo, por lo que se interiorizan desde una edad muy temprana.
Diría que es generalizado el sentirse culpable cuando se es gorde: “Estoy haciéndolo mal? Estoy arruinando mi vida? Si me esfuerzo mucho y hago dieta podré ser normal y ser feliz?”

La pregunta que invito a que nos hagamos es: Realmente es la gordura la que me hace infeliz o es la gordofobia? Realmente quiero ser delgade?”
Y quien dice delgade, dice todas las cualidades que ese ideal de belleza proyecta. Muchas veces es un deseo impuesto y creo que hay que tomar consciencia de ello. 

Porque la verdad es que ya somos bonites y al mismo tiempo no tenemos por qué serlo. No tenemos que perseguir ningún ideal, podemos ser fees a los ojos del patriarcado, porque no estamos en este mundo para ser belles. Dudo mucho que si hay alguna finalidad sea esa. No hay ninguna necesidad de pasarlo mal toda la vida para intentar parecerse a una imagen que no es real, porque, seamos sinceres: ni les modelos de los anuncios entran en el canon. No olvidemos como las tecnologías han entrado en el juego. La chica del anuncio no se parece a la chica del anuncio, porque le han puesto fotoshop, porque posa de una forma en concreto, con una luz en concreto, con un maquillaje en concreto. Y sí, ella es bella con y sin todos estos elementos, pero también lo somos nosotres. Somos bonites porque existimos.

En definitiva, está claro que la gordofobia está muy ligada al capitalism. Pero nuestros cuerpos no le deben nada al capitalismo ni al canon de belleza. No tenemos porque ser delgades forzadamente, ni bonites. Yo no puedo ni quiero ser perfecte. No merecemos ningún castigo por ser gordes, ni sentir culpa por tener el cuerpo que tenemos.

No tenemos ninguna obligación de ser delgades. Nuestro cuerpo es nuestro.