jueves, 3 de agosto de 2017

Crónica de une gorde en la playa: Vol. 1

(AVISO: GORDOFOBIA INTERIORIZADA)

Hoy voy a la playa por primera vez en mucho tiempo. Estoy más gorde que nunca. Esta mañana he escarbado en en el armario y ha aparecido un bañador de natación más antiguo que el toser. No solo es feo de cuidado, sino que está desgastado y dado de sí. Pero no tengo otra cosa, así que me conformo. Igualmente nunca he tenido un bikini ("Con lo gorde que estás cómo ibas a ir enseñando la barriga por ahí?!?!") o un bañador bonito, así que esto no es novedad. Con este cuerpo es todo un reto encontrar talla. En fin, que estoy en la toalla y aún no me he quitado la camiseta. Miro a mi alrededor. Sí, soy le más gorde a la vista. Y aunque no lo fuera, mi cuerpo es el más feo.
Aún así me quito la camiseta, qué hace un calor mortal.
No ocurre nada. Estoy con mi bañador feo, con mi cuerpo feo, sentade en la toalla y no ocurre nada. Tengo mi piel al descubierto y no veo que haya desencadenado el apocalipsis. No me siento ridícule, ni asquerose, ni fee, ni miserable. Todo está bien. Así que respiro hondo y fijo la vista en las olas. Una sensación de alivio agita mis michelines: lo he conseguido. Le sonrío a la persona con la que he venido y hundo los pies en la arena. Aquí estoy: sentade, gorde y hermose haciendo la fotosíntesis.
Sí, soy le más gorde de la playa, pero es que eso no importa. Esto no es un concurso de a ver quién está más delgade. No tengo nada que ganar, nada que perder. Mi gordura no le debe nada a nadie.  En cualquier caso. mis kilos no determinan si tengo o no permitido disfrutar del mar. He decidido hacer cosas que me hagan feliz, que me llenen de energía y no voy a permitir que la forma de mi cuerpo me frene.
Oh, como amo el mar.
Sí, mi bañador es feo y me aprieta la barriga. Así que me lo bajo y me quedo en tetas, enseñando el panzote. La euforia se apodera de toda mi grasa. Sea cual sea la forma de mi cuerpo, hoy me pide un remojón y leer al sol.
Ahora, ya en el agua, me pongo bocarriba y veo sobresalir mis lorzas del agua. Había olvidado lo bien que sienta el viento salado en la piel. Había olvidado lo mucho que me gusta bucear y tocar con la punta de los dedos el fondo marítimo. Había olvidado que me gusta perder pie y dar la espalda a la playa y deleitarme en la paleta de azules que se despliega ante mí.
Había olvidado lo bello que es adentrarse en una novela mientras oyes las olas romperse y transformarse incesantemente. Esta vez he traído La isla del tesoro, es fácil perder la noción del tiempo.
Me doy cuenta de que hoy me he olvidado de que soy le más gorde de la playa, porque ahora mismo me da absolutamente igual. Mi cuerpo es feliz y yo con él.
Decidido, voy a tirar el bañador feo y viejo. Me gusta dejar libre la barriga, escandalice a quien escandalice.
Hoy gordofobia interiorizada la he enterrado en la arena.