miércoles, 13 de julio de 2016

Lorzas en lucha

No solo vivo en mi cuerpo. También soy mi cuerpo. Soy también mi cuerpo gordo.

Quiero escribir sobre todo aquello que me pasa por que mi cuerpo es:
espacio
sujeto
cárcel a veces
refugio hogar otras tantas
es lo único "para siempre" en mi vida, él único amor eterno que voy a jurar.

PERO ese cuerpo que es en este ahora en este espacio en este yo
no encaja dentro de unos parámetros arbitrarios y volubles que la sociedad a lo largo del tiempo va dictando. Por lo tanto:

Soy cuerpo
estigmatizado
maltratado
cuestionado
patologizado
perseguido
humillado.

Simplemente, porque alguien (como siempre para permanecer en una posición de privilegio) decidió que hay cuerpos bellos y cuerpos que no lo son; que hay cuerpos aceptables y estéticos, y otros que no. Y si no es estético es malo, eso ya viene de la antigua Grecia.
 A mi cuerpo se le atribuyen también cualidades y estigmas por los cuales parece que se quiere justificar el maltrato que recibe y que recibo yo por extensión (porque somos uno, porque mis lorzas también soy yo).

Y sin embargo, la persona que más ha maltratado este cuerpo soy yo misme. Porque nací y al poco tiempo ya se me dijo que debía caber en un molde determinado (en muchos, muchos moldes en los que no encajo).
Y mi cuerpo, cuerpo vivo, cuerpo sano de niñe, era castigado, era un error, era censurable.
Crecí aprendiendo a odiarme. Yo era mi mayor enemigue. Todo el maltrato, en consecuencia, era culpa mía. Por no encajar yo me había buscado todo el dolor, me había buscado el rechazo y los insultos. Así que me castigué todavía más.

Y llegó el día en el que me pregunté
¿por qué? ¿por qué me trato tan mal?
La respuesta empezó con la compresión de que vivimos encerrades en ideas que benefician a algunes poques y que mantienen el estatus quo. A algunes no les conviene que nos queramos.
Y comencé a entender.
Quizás porque la literatura me ha enseñado que la belleza no es más que un concepto vacío que rellena el que tiene poder y que cuestionan les artistas. Quizás porque topé con gente que reivindicaba que todos y cada uno de los cuerpos, solamente por existir y estar con vida eran BELLEZA.

Dejé de culparme castigarme lesionarme
y comencé a vislumbrar las estructuras de poder que mantienen esta dictadura estética y que subyuga a las personas gordas hasta el punto de querer borrarlas por completo de la vida pública.

Ya tenía contra quién luchar. No era contra mis lorzas, no era contra mis kg, ni contra mis michelines.
Mi cuerpo por el hecho de SER es inherentemente hermoso. Como cualquier cuerpo, como cualquier forma de vida, como cualquier objeto puede serlo. Porque todo y nada puede ser bello y decidí, por lo tanto, que TODO EL MUNDO ES BELLO.

Si había algún culpable de mi sufrimiento era el sistema que alimenta la gordofobia.
Si hay alguien a quién odiar es a les gordofóbiques.

Y los más revolucionario
la mayor lucha
LO MÁS DIFÍCIL
es
amarnos a nosotres mismes
cuando siempre nos han obligado a detestarnos. Pero sin pausa, sin prisa, sin presiones, sin culpa. Aprendamos juntes a querernos, aprendamos a drenar todo el veneno gordofóbico que nos corre por la sangre. No señalemos a compañeres si no pueden mirarse al espejo, digámosle que quizás mañana podrá hacerlo y que es hermose solo por el singular hecho de ser.
 Aplastemos con nuestros culazos las estructuras que nos oprimen. Porque estamos en lucha nosotres, nosotres que
también somos nuestras lorzas. Porque somos lucha. Y no pueden callarnos.