miércoles, 2 de mayo de 2018

Por qué odio el verano

Llega el calor, qué bien, todo el mundo contento y feliz y mira qué alegría el sol y la playa.
Y la gente no me entiende cuando digo que yo detesto el verano.
Muches gordes odiamos el verano.
Porque para nosotres el verano conlleva un aumento de la gordofobia que recibimos.

Para empezar, está el tema de la ropa. Muchos años he sufrido en silencio yendo super tapade en pleno agosto, porque sé que está en las reglas no escritas (y a veces incluso escritas) para gordes, que debemos mostrar lo mínimo que podamos nuestro cuerpo. ¿Por qué? Porque nuestro cuerpo es repulsivo y hiere la sensibilidad de la gente que nos pueda ver por la calle.
Si decidimos mandar a la mierda esta norma y llevar ropa más ligera o mostrar más nuestro cuerpo para que poder respirar (presuponiendo que encontremos tal tipo de ropa de nuestra talla) nos exponemos a miradas de asco y acoso callejero.
Tengo mil historias al respecto, pero sin ir más lejos, paseando por un parque en Bucaresten pantalones cortos, poco faltó para que me diera una crisis de ansiedad ante los cuchicheos y miradas. Me avergoncé. Me maldije por haber salido a la calle con pantalón corto,  en realidad, por haber salido a la calle de cualquier forma con un cuerpo con el mío. Por suerte no entendía nada de lo que al gente decía, pero vaya, no hacía falta.

Otro temón: la playa. No soy le primere, ni le últime, que ha pasado mucho tiempo sin ir a la playa por miedo a la gordofobia que pueda recibir o por gordofobia interiorizada.
Ir a la playa supone, de nuevo, exponerse a comentarios, miradas desaprobatorias y a nuestros propios monstruos. Esa vocecita que nos repite incesantemente que no deberíamos exponer nuestro cuerpo en público. Ya nos hemos tragado todo el discurso del cuerpo de playa y operación bikini y claro, llega el día de ir a bañarse y no te atreves a quitarte la camiseta. Porque a lo mejor tienes un grupo de tíos al lado que ya te están mirando mal, o cualquier otra persona cuchicheando o incluso niñes señalándote y riéndose de ti.
Entonces, ¿qué pasa si no vamos a la playa? Si no te gusta la playa/piscina o tienes otros motivos para no ir, pues nada, a otra cosa mariposa. Pero en muchas ocasiones, en zonas calurosas, es el único alivio posible. Además, el sentir que no PUEDES ir a la playa, que lo tienes prohibido por la forma de tu cuerpo, limita tus interacciones sociales durante meses. Mucho tiempo he sentido que realmente es un espacio vetado para mí, porque, vamos a ser sinceres, sé que mi cuerpo da repelús a mucha gente y enfrentarse a eso es muy duro. (Mi relato sobre mi experiencia en la playa el año pasado aquí)

A todo esto, se le suma una cosa que es que, al menos a mí, me da pánico. SUDAR. Porque sí, el sudor es algo que le ocurre al cuerpo humano y todo bien. Pero la presión que recibe una persona gorda que suda no es la misma que para personas delgadas.
Si yo sudo se me ve como un ser sucio y repugnante.
Si una persona gorda suda, se la observa con desagrado y repulsión.  El sudor hace ese cuerpo, ya desagradable de por sí, más horrible todavía. No hay que olvidar que a la gente gorda se nos asocia a ser descuidades e incluso a la falta de higiene. También se ve nuestro cuerpo como enfermo y monstruoso, por lo que nuestro sudor tambíen lo será. Antes de decirme que esto no es así o que os da asco el sudor de todo el mundo o cosas por el estilo,  parad a pensar cuántas bromas, memes o comentarios sobre gordes sudoroses y con granos habéis oído y visto. Pensad en cómo se percibe ese mismo sudor en un cuerpo normativo. Os garantizo que no es igual.

Ante todo esto, yo intento deconstruír la gordofobia interiorizada y a empoderarme para que las miradas y comentarios duelan menos. Lo cierto es que no es fácil. Pero vaya, ahí estamos.
Solo pido  atención a estas cosas, porque quizás para vosotres el veranito es lo más y os encanta, no digo que no lo disfrutéis, pero tened en cuenta para otres puede ser una pesadilla.

sábado, 14 de abril de 2018

No, no acepto tu gordofobia

Aviso: Gordofobia, mención de heterosexismo y capacitismo

Es muy cansado, pero parece que hay que repetir una y otra vez que la gordofobia no es una opinión respetable.
Una opinión es una valoración subjetiva sobre algo. Por ejemplo, decir que una canción es aburrida o una ciudad es apasionante son opiniones. Una opinión no es discutible, porque es inherentemente subjetiva.

Qué pasa con la gordofobia? Es lo mismo opinar que el hummus es el mejor invento del ser humano que creer que la gente gorda da asco y debería desaparecer/esconderse/cambiar?

No, porque en el segundo caso esa "opinión" está manchada de ideología y discriminación. Puedo tener una relación cercana con alguien a quién no le gusta el hummus, pero no puedo tener una relación cercana con una persona que cree que no debo existir o que soy repugnante.
Esto se puede aplicar a cualquier eje de opresión, por supuesto.

Parece que muchas veces las personas que sufrimos opresión tenemos la obligación de "aceptar" a la gente de nuestra vida que nos oprime porque (y esto me lo han dicho literalmente) "no saben lo que dicen" "debes entender que su contexto es distinto al tuyo" "eres activista tienes que estar preparade" "es tu obligación moral enseñar a esta persona, porque sino no cambiará nada" "debes aceptar que la gente no piense como tú".
Como siempre se coloca toda la responsabilidad en los ombros de la persona que está recibiendo la violencia. Al final si me tratan como una mierda es culpa mía, porque no hago el esfuerzo de hacer entender a la gente que deben tratarme bien. Y si no estan dispuestes a deconstruirse su gordofobia debo aceptarlo con una sonrisa porque simplemente tienen un punto de vista distinto al mío. En este caso, que la forma de mi cuerpo les da derecho a discriminarme.

Claro, una persona puede tener un contexto distinto al mío, pero eso no significa que yo tenga que estar haciendo pedagogía continuamente y que tenga que aguantar sus comentarios de mierda. Además, me parece muy condescendiente pensar que sé más es que la gente que me rodea y que tengo que instruirles. Yo no nací enseñade, de hecho estoy aprendiendo siempre y esa es mi obligación, mi obligación es no ser una mierda de persona. No al revés. Que hay gente que tarda más que otra, por supuesto, pero yo no tengo porqué estar esperando a que empiecen a respetarme a su debido tiempo.
Ser activista tampoco no significa que tengas la obligación 24/7 de explicar porqué tu vida es igual de válida que la de les demás, porqué mereces respeto y que no te traten como una mierda.
Hay espacios para hacer activismo, hay artículos, hay charlas y talleres, no entiendo por qué tengo que estar alerta todo el día por si a alguien se le ocurre agrederme y estar super ok con esto. Porque claro he elegido ser activista, es lo que toca, estar siempre con una sonrisa contestando a les gordofobiques.

Luego está la gente que me dice, que tengo que respetar a les demás con sus opiniones de mierda. Respetaré que no te guste el hummus, sí. Respetaré que pienses que soy un ser despreciable porque mi cuerpo es distinto al tuyo? Pues no.

Y no, no quiero tener gente cerca de mí que piense que mi sexualidad es inaceptable, que mi cuerpo es despreciable o que mis neurodivergencias me hacen ser una persona intratable.
Más de una vez me he tenido que justificar por no querer cerca a gente que no respeta mi existencia. PORQUE DEBO ENTENDERLES, POBRECITES.

Y todo porque soy activista y, al parecer, esto te hace inmune a la gordofobia, al heterosexismo, al capacitismo y al machismo y te da el poder mágico de hacer pedagogía todo el día sin ningún desgaste emocional.

Vaya, perdonad, pero me gusta tener a gente a mi alrededor que no me ve como un monstruo.




Thinsplaining

Ocure muchas veces que cuando hablo de gordofobia aparece la persona delgada de turno a decirme que: "Todo el mundo tiene complejos y el canon de belleza afecta a todes."
Esto, evidentemente, es cierto.
Pero el problema aquí es otro.

Para empezar, la gordofobia no solo es presión estética, sino que también hay discriminación médica y laboral entre otras cosas. Hay una marginalización sistemática. El mundo está literalmente fabricado para personas delgadas y nosotres no cabemos. (Estoy pensando en escribir algo sobre espacios, porque tiene tela)
Pero es que lo que me mosquea no solo que no se entiendan las diferentes dimensiones de la gordofobia, sino que cuando yo estoy señalando la violencia que recibimos por ser gordes siempre hay quién viene a decir "PERO YO TAMBIÉN SUFRO"o "ESTÁS EQUIVOCADE ESTO NO ES ASÍ"

Está claro que, sobre todo si es mujer o femme se sufre constantemente la opresión del canon de belleza, pero, como ya he comentado mil veces, no todo el mundo la sufre igual.
 La gordofobia tiene una estructura particular que se distingue de la presión estética sin más y es necesario poner de manifiesto que hay problemas específicos a lo que nos enfrentamos las personas gordas. El no poder expresar nuestra lucha sin que se nos venga a invalidar o a invisibilizar es muy muy muy cansino. Que sí, que lo pillo, tú también tienes complejos y también sufres. Pero a no ser que te afecte otro eje de opresión (no ser blanque o cis, o sufras capacitismo, por ejemplo) es difícil que entiendas lo que es que se te vea como un monstruo, que la gente te fetichice o agreda solamente por la forma de tu cuerpo. Y, si en vez de escuchar, cada vez que una persona gorda habla sueltas el "PERO YO TAMBIÉN SUFRO", nunca vas a entender que lo de ser gorde es algo diferente.

Cuántas veces he tenido que oír de gente delgada que nuestra lucha gorda divide el feminismo, que deberíamos centranos en esto o lo otro, que el verdadero enemigo somos nosotres mismes, que es culpa nuestra por dejar que nos afecte lo que piensan les demás, que no estamos oprimides por gordes, que lo que pasa es que sufrimos el canon de belleza, como todo el mundo etc?

Todo esto me cabrea enormemente, porque realmente parece pedir demasiado que se nos escuche y que no nos traten como si no supiéramos qué es lo que nos afecta.
 No necesito tú opinión sobre la gordofobia, persona delgada;  porque, sinceramente, sea lo que sea que vayas a decir yo ya lo sé o lo he pensado durante mis 25 años de vida siendo gorde.
No necesito que me expliquen por qué sufro gordofobia, no necesito que me digan que mi cuerpo no es el problema, ni que me intenten dar una lección de contra qué me tengo que rebelar. Que sí, que va con buena intención, pero estaría bien que de vez en cuando escucharáis un poco más y dieráis menos vuestra opinión que, por cierto, no he pedido.

Sé lo que es la gordofobia.
Lo vivo en mis carnes cada día, gracias.


miércoles, 14 de febrero de 2018

Gordofobia y capitalismo




El canon de belleza ahoga a todes, no importa como seamos, no importa lo mucho que nos acerquemos al ideal de belleza, nunca es suficiente. Y es que el ideal de belleza es falso e inalcanzable por definición propia. Algunas acepciones de ideal según la RAE, que tampoco es santo de mi devoción pero para esto me sirve, son:

2. adj. Que no existe sino en el pensamiento.
4. adj. Excelente, perfecto en su línea.
5. m. Modelo perfecto que sirve de norma en cualquier dominio.


El ideal de belleza, por lo tanto, es un concepto abstracto en el imaginario colectivo que intenta ser modelo de perfección al que debería adaptarse el cuerpo humano para ser bello.
Desde la antigua Grecia la belleza se asocia a la bondad. Hoy también se asocia a la felicidad y al éxito en su acepción más capitalista. Analizando con un poco de perspectiva el canon de belleza es fácilmente apreciable como se transforma dependiendo del lugar y el momento histórico. No es estático e inamovible. Y es que al final es el reflejo de su sociedad y ésta tampoco es un ente único y sólido.
Por ello, no es de extrañar que en este mundo tan capitalista en el que que crea deseos y necesidades que realmente no tenemos con el propósito de mantenernos ocupades, nos haya vendido que queremos y debemos ser delgades. Así, trabajamos constantemente en empleos que odiamos para gastar nuestro sueldo en acercarnos a ese espejismo llamado Estado de bienestar. Ese estado de bienestar incluye una belleza muy definida, un tipo de cuerpo muy concreto. Perseguir la meta de esta belleza obsesivamente crea ganancias para el sistema, porque nos gastaremos mucho dinero en adelgazar y en ser bonites. Al mismo tiempo se promocionan productos calóricos especialmente gustosos y poco sanos, porque la meta no es que alcancemos la delgadez por salud, sino que el objetivo es que lo intentemos durante toda la vida y nos sintamos fallar constantemente. Al fin y al cabo, el éxito como tal es falso o, como mínimo, está reservado a una parte muy reducida de la población, especialmente a los hombres.

La gordura no solo se asocia a la fealdad, sino a la vagancia, a la improductividad, a la infelicidad, al rechazo, a la soledad y al fracaso. Todos estos valores que el capitalismo se ha ocupado de hacernos temer.
Se percibe a las personas gordas como gente que no se esfuerza por perseguir el ideal de belleza. Esfuerzo significa ganancia y éxito para la mentalidad capitalista. Si no te esfuerzas no ganas. Por lo tanto, si no nos esforzamos por ser belles (y esto se acentúa en mujeres y personas alineadas con la feminidad) no merecemos ser querides o deseades. Si quisiéramos ser querides y deseables al ojo del patriarcado, trabajaríamos duro para ser delgades y, entonces sí, seríamos merecedores de amor, atención y felicidad.
Es más, lo que merecemos es desprecio. Porque estamos desafiando las normas sociales con nuestra existencia, estamos desafiando el mandado de perseguir la delgadez y mantenerla con esfuerzo y sacrificio. Eso merece el castigo social porque la improductividad y la falta de esfuerzo en general no benefician el capitalismo, que se basa en la idea de que trabajando mucho y productivamente ganas proporcionalmente mucho dinero y con él la felicidad absoluta. Evidentemente esto es una gran patraña, y sino que se lo cuenten a mis padrastro que ha trabajando toda su vida para ahora tener una pensión de mierda y la columna vertebral destrozada por culpa de la empresa.

Volviendo al tema de la gordofobia: lo que se valora es el sufrir y castigar tu cuerpo para recibir el premio de la delgadez y, si no, se es un fracaso.
Cuántas veces hemos oído frases como “No pain, no gain”? Se premia el sacrificio para encajar en un ideal que no existe y no es alcanzable, y mucho menos si no tienes dinero para comprar esa belleza y eterna juventud. Esta idea fomenta la culpa hacia les que no entramos en el canon. Hay que tener en cuenta que estos conceptos estan muy arraigados en el pensamiento cristiano y los ha rescatado el capitalismo, por lo que se interiorizan desde una edad muy temprana.
Diría que es generalizado el sentirse culpable cuando se es gorde: “Estoy haciéndolo mal? Estoy arruinando mi vida? Si me esfuerzo mucho y hago dieta podré ser normal y ser feliz?”

La pregunta que invito a que nos hagamos es: Realmente es la gordura la que me hace infeliz o es la gordofobia? Realmente quiero ser delgade?”
Y quien dice delgade, dice todas las cualidades que ese ideal de belleza proyecta. Muchas veces es un deseo impuesto y creo que hay que tomar consciencia de ello. 

Porque la verdad es que ya somos bonites y al mismo tiempo no tenemos por qué serlo. No tenemos que perseguir ningún ideal, podemos ser fees a los ojos del patriarcado, porque no estamos en este mundo para ser belles. Dudo mucho que si hay alguna finalidad sea esa. No hay ninguna necesidad de pasarlo mal toda la vida para intentar parecerse a una imagen que no es real, porque, seamos sinceres: ni les modelos de los anuncios entran en el canon. No olvidemos como las tecnologías han entrado en el juego. La chica del anuncio no se parece a la chica del anuncio, porque le han puesto fotoshop, porque posa de una forma en concreto, con una luz en concreto, con un maquillaje en concreto. Y sí, ella es bella con y sin todos estos elementos, pero también lo somos nosotres. Somos bonites porque existimos.

En definitiva, está claro que la gordofobia está muy ligada al capitalism. Pero nuestros cuerpos no le deben nada al capitalismo ni al canon de belleza. No tenemos porque ser delgades forzadamente, ni bonites. Yo no puedo ni quiero ser perfecte. No merecemos ningún castigo por ser gordes, ni sentir culpa por tener el cuerpo que tenemos.

No tenemos ninguna obligación de ser delgades. Nuestro cuerpo es nuestro.

martes, 16 de enero de 2018

Une gorde en el avión



Aviso contenido: Gordofobia, ansiedad, capitalismo

Es la hora de embarcar y me empieza a doler el estómago.
Llevo un bocadillo en la mochila y un trozo de chocolate, pero sé que no me atreveré a comérmelos. Ya me sentiré lo suficientemente observade.
Dos horas de vuelo. Dos horas agónicas.
Encima, me han asignado el asiento de en medio, porque claro, si no pagas extra están dispuestos a hacerte sentir lo más incómode que puedan como castigo. Al final. se trata de que pagues, pagues y pagues. De qué sino?
Me pregunto si algún día nos cobraran de más por cada kilo que crean elles que nos sobra.

Pongo un pie en el avión e instantáneamente siento la ya conocida presión en el pecho. Tengo que pasar de lado por el pasillo, sobrepaso las medidas establecidas como acceptables para cruzar un pasillo, al parecer.  Les otres pasajeres me miran con irritación porque, de vez en cuando, mi cuerpo se roza con el de elles por accidente. Noto que la sangre me sube a las mejillas, la vergüenza y la ansiedad me aceleran el pulso.  Daría lo que fuera para desvanecerme. Lamentablemente no me puedo empequeñecer mágicamente, ni tampoco sé hacer desaparecer mi cuerpo en la nada, aunque sería muy útil.

Llego a mi asiento asignado y empieza el momento más incómodo del viaje, así que respiro hondo y pido a la persona sentada en el pasillo que me deje pasar. Veo en su cara el hastió de saber que va a tener que pasar dos horas a mi lado. Sé que ocupo más espacio del que debería según el tamaño de los asientos. Sé que hace el trayecto incómodo, por lo tanto estoy acostumbrade a esas miradas.
Torpemente consigo sentarme y colocar mis cosas. Se me clavan los posabrazos en el cuerpo. Me doy cuenta al instante de que que luego me quedará una marca en la piel, pero lo que más me duele es la vergüenza de sentirme tan monstruose, de saber que el mundo no está diseñado para mí. Duele mucho más la mirada de desprecio de la persona de al lado, del pasajero al que has rozado sin querer pasando por el estrecho pasillo, de tener la percepción de que no perteneces a un mundo que te rechaza sistemáticamente.

Pero lo peor todavía está por llegar, porque ha llegado el fatídico día en el que el cinturón no me cierra. Sí, no cierra. Me siento presa del pánico, trago saliva y me digo que no debo preocuparme por la taquicardia. Intento aguantar la respiración pero no hay manera. No llega. Me saltan las lágrimas, me siento humillade. Una voz interna pregunta: "Por qué, por qué ibas a sentirte humillade?"

Todavía me puedo bajar el avión, no? NO?
No.
Tengo que llegar a Berlín, porque me esperan personas a las que quiero, personas que me quieren, que no me hacen sentir como un monstruo.  Me esperan dos días maravillosos y no dejaré que la gordofobia me lo arruine. Reflexiono: Ni el tamaño del avión, ni el de los asientos, ni el largo del cinturón dicen nada sobre mí. Lo que quiere decir es que la compañía está enfocada a ganar dinero, sin tener en cuenta la diversidad de cuerpos y de personas que puedan subirse al avión. Porque solo quieren ganar dinero. 10 cm más de cinturón cuesta dinero, asientos más cómodos cuestan dinero. Mi cuerpo no tiene la culpa de eso. No merezco menos respeto por ello.
Así pues, me dirijo a le asistente de vuelo y con una sonrisa le pido un alargo para el cinturón. Me devuelve la sonrisa y de repente la tensión que sentía en el pecho se disipa. Me acomodo y subo el volúmen de la música.
Arrancan los motores. Dos horitas y me espera un abrazo de complicidad. Saco mi bocadillo y no me preocupo de las miradas, no me preocupo de que esté pensando le pasajere de al lado.
El capítalismo me puede chupar un michelín.

jueves, 3 de agosto de 2017

Crónica de une gorde en la playa: Vol. 1

(AVISO: GORDOFOBIA INTERIORIZADA)

Hoy voy a la playa por primera vez en mucho tiempo. Estoy más gorde que nunca. Esta mañana he escarbado en en el armario y ha aparecido un bañador de natación más antiguo que el toser. No solo es feo de cuidado, sino que está desgastado y dado de sí. Pero no tengo otra cosa, así que me conformo. Igualmente nunca he tenido un bikini ("Con lo gorde que estás cómo ibas a ir enseñando la barriga por ahí?!?!") o un bañador bonito, así que esto no es novedad. Con este cuerpo es todo un reto encontrar talla. En fin, que estoy en la toalla y aún no me he quitado la camiseta. Miro a mi alrededor. Sí, soy le más gorde a la vista. Y aunque no lo fuera, mi cuerpo es el más feo.
Aún así me quito la camiseta, qué hace un calor mortal.
No ocurre nada. Estoy con mi bañador feo, con mi cuerpo feo, sentade en la toalla y no ocurre nada. Tengo mi piel al descubierto y no veo que haya desencadenado el apocalipsis. No me siento ridícule, ni asquerose, ni fee, ni miserable. Todo está bien. Así que respiro hondo y fijo la vista en las olas. Una sensación de alivio agita mis michelines: lo he conseguido. Le sonrío a la persona con la que he venido y hundo los pies en la arena. Aquí estoy: sentade, gorde y hermose haciendo la fotosíntesis.
Sí, soy le más gorde de la playa, pero es que eso no importa. Esto no es un concurso de a ver quién está más delgade. No tengo nada que ganar, nada que perder. Mi gordura no le debe nada a nadie.  En cualquier caso. mis kilos no determinan si tengo o no permitido disfrutar del mar. He decidido hacer cosas que me hagan feliz, que me llenen de energía y no voy a permitir que la forma de mi cuerpo me frene.
Oh, como amo el mar.
Sí, mi bañador es feo y me aprieta la barriga. Así que me lo bajo y me quedo en tetas, enseñando el panzote. La euforia se apodera de toda mi grasa. Sea cual sea la forma de mi cuerpo, hoy me pide un remojón y leer al sol.
Ahora, ya en el agua, me pongo bocarriba y veo sobresalir mis lorzas del agua. Había olvidado lo bien que sienta el viento salado en la piel. Había olvidado lo mucho que me gusta bucear y tocar con la punta de los dedos el fondo marítimo. Había olvidado que me gusta perder pie y dar la espalda a la playa y deleitarme en la paleta de azules que se despliega ante mí.
Había olvidado lo bello que es adentrarse en una novela mientras oyes las olas romperse y transformarse incesantemente. Esta vez he traído La isla del tesoro, es fácil perder la noción del tiempo.
Me doy cuenta de que hoy me he olvidado de que soy le más gorde de la playa, porque ahora mismo me da absolutamente igual. Mi cuerpo es feliz y yo con él.
Decidido, voy a tirar el bañador feo y viejo. Me gusta dejar libre la barriga, escandalice a quien escandalice.
Hoy gordofobia interiorizada la he enterrado en la arena.

martes, 23 de mayo de 2017

Trastorno por atracón

Llevo desde los 13 años con un trastorno alimenticio por atracón.
Pero siempre he tenido problemas con la comida. Mi hermana aún me recrimina que le robara chocolate cuando eramos peques. Lo siento, realmente no podía evitarlo, incluso entonces.
Con los años mi trastorno alimenticio ha ido mutando y modificándose. No es una cosa monolítica que permanece invariable en su sintomología.
A veces restrinjo comida, a veces siento necesidad de vomitar (aunque nunca me he provocado el vómito). Ha habido épocas en las que he estado dos días o más sin comer apenas. Hay épocas en las que como sin parar. Mi cuerpo es dueño de mí en esos momentos. No puedo controlar cuánto como o qué como. No puedo decidir.
Cuando me dicen "pero si quieres darte un atracón bebe agua o come algo sano" me cuesta hacer entender a la gente que literalmente NO PUEDO. Si no hay nada grasiento e industrial o muy azucarado en casa, me veo a mí misme yendo a comprarlo. Como más asquerose me sienta luego, mejor. Es como un castigo y a la vez una necesidad, un impulso del que no puedo escapar.

Es un trastorno alimenticio que es menos conocido que el resto y mucha gente gorda lo tiene, muches ni lo saben.** Y el caso es que podemos llegar a recibir mucha gordofobia mezclada con capacitismo (?) a causa de ello. Que nos culpen y nos reprendan cuando encuentran los restos de nuestros atracones, que escondan la comida, que nos ataquen porque "no tienes voluntad", etc. Como si tuviéramos elección.  Y aunque nuestra elección fuera comer así, no es razón para atacarnos y hacernos sentir mal por ello. El caso es que en mi caso, no puedo hacer las cosas de otra forma.

Por ello a personas cercanas a gente con TCA por atracón, personalmente os pido:

-No me escondas la comida. Me hace sentir humillade e infantilizade.
-No me culpes y te enfades si desaparece comida de casa. De nuevo, a mí me resulta humillante y siento que me tengo que justificar y dar una explicación. La explicación es que no puedo controlar lo que como.
-No me digas cosas como "claro que no comes a la hora de cenar si te has hartado a comer mierdas antes". O "come ahora para cenar y así luego no te levantas a las tantas a comer". Ya lo sé, ya sé que no debería darme atracones y comer solo en las comidas principales. Pero comer bien en las comidas principales no es ninguna garantía anti-atracón. Además, la teoría ya me la sé, de verdad.
-No señales mis restos de comida y me culpabilices: "Eso no es sano". Ya lo sé. Que me hagas sentir mal por ello no va a cambiar nada, solo me va a hacer sentir culpable y avergonzade.
-No des por sentado que una persona engorda solamente porque es glotona. No pasa nada si alguien disfruta de la comida y como resultado de ello engorda. No merece el desprecio de nadie. Pero en vez de poner a la gente a dieta, si ves que hay síntomas de que puede ser un TCA por atracón, intenta acercarte al tema de otra forma. Esto lo digo porque estuve 7 años sin diagnosticar, porque nadie pensó en que pudiera tener un TCA, porque soy gorde. Consecuentemente, la angustia que sentía por no entender qué me pasaba era mayor y se fue cronificando.
-No me obligues a comer si no quiero. Personalmente hay situaciones en las que me veo incapaz de comer, sobre todo en público. Como gorde ya me cuesta, porque me siento observade y juzgade, como persona con TCA esto se me acrecenta. No me cuestiones si decido no comer en una fiesta, no insistas, no me pidas explicaciones.
-No me digas que sustituya los atracones por INSERTE AQUÍ MANZANA/AGUA/ALGO SANO/IR A CAMINAR. Ya me lo han dicho mil psicólogues. Ya lo he intentado. Llevo más de diez años con esta mierda. No me funciona, al menos a mí no. Si a alguien le va bien pues okay, pero yo estoy harte de oírlo.
-No lo asocies a falta de voluntad. No es falta de voluntad. Mi cerebro no se relaciona con la comida igual que el tuyo.
-No descartes que pueda tener episodios de anorexia o bulimia porque sea gorde. Los he tenido y muchas veces nadie le da importancia porque somos gordes.

¿Qué puedes hacer por mí? (Esto es muy personal, pero quizás aplicable a otros casos. En cualquier caso no es una guía unívoca, son cosas que a MÍ me ayudan)

-Preguntarme si quiero comer en otro sitio. Esto es sobre todo para situaciones sociales en las que no me atrevo a comer. Me explico: Muchas veces si alguien de confianza se ofrece a acompañarme a comer a un sitio más apartado me puedo ver capaz de comer, mientras que en una kafeta llena de gente no.
-Preguntarme si estoy bien en la situación anterior. Es decir, si digo que no quiero comer en una kafeta o una cena, y tienes confianza conmigo, puedes preguntarme si necesito algo y, así, si tengo mucha angustia quizás pueda compartirlo.
-Si vives conmigo y me he comido algo que querías comerte tú, pues lo ponemos en la lista de la compra y lo repongo, pero no me señales y me culpabilices,  por favor. Seguramente ya me siento fatal.
-Si te digo que llevo todo el día sin comer, no me sermonees, pregúntame si me apetece comer algo ahora o si quiero hablar. Si digo que no, no insistas.
-Apoya a la gente que come mucho, no les excluyas de la lucha, no rechaces el tópico de "les gordes comen mucho" porque algunes comemos mucho y no merecemos la gordofobia más que el resto.
-Ten consciencia de que los TCA no están restringidos a las personas delgadas.

Para finalizar esto. Yo creo que siempre tendré TCA, pero no me desespera. Creo que puedo ir conviviendo con él. Creo que puedo controlar en alguna medida como me afecta. Es un tema delicado, pero creo que la lucha gorda y el tema TCA puede tejer alianzas, creo que hay algo detrás de todo esto. La relación que tenemos con la comida y el cuerpo están muy relacionadas en esta sociedad. No tengo desarrollado el tema, pero estaría bien darle vueltas.
En todo caso, escucha a la gente de tu alrededor con TCA. Sé atente a qué puedan necesitar en este ámbito. Cada persona es un mundo y preguntar qué necesita la otra persona nunca está de más.



**He estado en tratamiento mucho tiempo y puede ayudar mucho realmente, aunque yo he perdido las ganas ya. Si crees que puedes tener algún TCA puedes ir a la seguridad social, tienen programas de ayuda. Aunque es cierto que según mi criterio tienen MUCHAS deficiencias.